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Ganadores de ejemplares de lanzamientos de la 24 Feria del Libro de Bogotá

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La Saga de los Confines

 

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Re: Gana ejemplares de lanzamientos de la 24 Feria del Libro de Bogotá

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Libro: La Saga de los Confines

 

Cuento de Paisografía Pusilánime 

 

En este mundo existen tantos países como estrellas en el universo. Los hay como los de Gulliver: de hombres gigantes  y personajes diminutos o como los de Sherezade con personas que por castigo son convertidas en perros, y los que en donde comer ajo no se puede, los hay pobres, los hay ricos, algunos tan pequeños que no caben en las cuatro letras que forman país, otros tan extensos que viven al mismo tiempo el día y la noche y no saben si duermen o están despiertos. Los hay con individuos de cabello de petróleo, a veces como el oro como el cobre o el castaño, en unos como crines, bardigiano –asturcón o azteca, y otros parecidos al fique sucio en los costales. Están los que no tienen cabello, los países de las personas calvas. También los que no tienen caballos y los que en donde se los comen. Todos son habitados por hombres y mujeres de todas las razas y sexos.  Los hay machistas iguales que feministas. Unos tolerantes unos intransigentes. Sin importar el orden o el tipo es importante estudiarlos.  Hay tantos países como personalidades en una sala de cine. Algunos colegas los catalogan teniendo en cuenta el tiempo que tarda en cambiar de rojo a verde un semáforo en sus ciudades o la cantidad de pájaros por árbol o el promedio de besos mensuales entre las parejas de novios que allí encuentran. Aunque –hay que decirlo: no todos los países tienen ciudades aves y besos. Unos más aburridos, por el número de leyes, otros más atrevidos, por cómo hacen el amor. Existen países donde cada palabra debe ser escrita en una misma oración dos veces, una por cada género: por y paraunos unascuantos cuantasotros y otras. Hay países donde leer y escribir no saben, y aquellos en donde por falta de práctica -de interés- lo han olvidado. Los hay donde son prohibidos los vocablos “algunos” y “otros”. Están los países donde los insultos más terribles son los apellidos de ex presidentes extranjeros, donde gritarle a otro “¡Bush!” en la calle es asegurar su enemistad eterna. A diferencia de los otros estudiosos, me gusta pensar los países conforme a varios criterios, el primero, los senos y las nalgas de las hembras humanas, en algunos países, desnudos, en otros, cubiertos, en esos con pechos pequeños en los de allá abundantes, como limones redondos maduros cortados a la mitad, como zapotes distintos por fuera y dentro, en estos como toronjas frescas firmes y dulces, en aquellos como guayabas, cremosos y aromáticos. Tantos como plantas, tantos como nalgas. En los de acá minúsculas y suaves, como las de los bebés, en los de allá  generosas hasta el punto de confundirse con países pequeños. Los primeros siempre prestos a alimentar al hambriento los segundos el más noble refugio al indefenso. Hay países donde se dice reino, los de aquí nación, los de allí patria, aquellos terruño, esos de allá pueblo. Todos hembras y la gran mayoría manejados por machos -he ahí el porqué de tanta contradicción y mal gobierno-. En los de ese lado las mujeres se esconden bajo muchos trapos, en algunos con finas telas, en otros con tristes harapos. Existen los países donde torturan a los contradictores del régimen y otros donde los estudiantes mandan. Los hay con hombres feos, fuertes y formales y otros con individuos apuestos, débiles e insensatos. En unos, hombres y mujeres son celosos, en otros, también además de infieles. En todos menos uno las parejas se aman -a ese uno le dicen Francia-. El segundo criterio: la música que escuchan, no es difícil, ahora como con casi todo resulta siendo la misma, Madonna a un lado y Black Eyed Peas al otro. El consuelo es que se conservan algunos ritmos, pocos, la polca y el vallenato, las rancheras y los tangos. El tercero, el que más me ocupa, la idiosincrasia individual y colectiva: por qué discuten y luego se van a los golpes en un país los ciudadanos. En el universo de países uno me sorprende especialmente, está situado al septentrión del sur, les encanta la pelea: se diría que compran cualquiera sin importar el tamaño, basta por un caso un partido de futbol y la trifulca está confirmada, además, creen que si rezan y pecan empatan, que son los mejores en todo y quizá por eso aprender a perder no quieren, no persiguen ni aprenden ni entienden nada. Es el típico caso de país mediocre. Pocos participan en política casi siempre los menos capaces, sus refranes favoritos son “indio comido indio ido”, con la variante “indio comido indio mari**”, y “eso le pasa por calabaza” sus primeras leyes “no dar papaya” y “a papaya puesta, papaya partida”, sus principios “el vivo vive del bobo” y “que lo haga otro ¿a mí por qué santa gracia?”. Y ratifican al tuerto, no ambicionando ver por cuenta propia algún día sino aceptando obedientes la descripción del paisaje. Con el lazarillo delirante y mesiánico son el típico caso de país caricatura. Al igual que a sus nacionales me persigue la figura amenazante y lúgubre del desempleo y es que aunque no ha cambiado todo del todo, esto de los países ya no es igual, o a lo mejor sí, ahora si es igual y por eso va mal todo. La culpa no fue ni de Marco Polo ni de Colón ni de Magallanes ni de Yuri Gagarin ni de los satélites artificiales ni de Google Earth, SÍ de McDonald´s, los implantes de silicona, Yves Saint Laurent y los anuncios publicitarios en la televisión y las revistas. Algunos lo llaman globalización, yo le digo disparate. No hay futuro para los analistas de países, los paisógrafos.  Lo que me duele son las mujeres, todas con la misma sonrisa, el mismo pelo, las mismas nalgas, los mismos senos. Siguen siendo hermosas: pero ahora tan iguales. Visten lo mismo, hablan de lo mismo: se diría, piensan igual. Quizá con los hombres algo parecido ocurra. Debí haber dicho, en el mundo existían tantos países como gotas de lluvia en una tormenta. Se extinguen ahora. Desaparecen. Pido un minuto de silencio por todos los que morirán hoy.   

 

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Re: Gana ejemplares de lanzamientos de la 24 Feria del Libro de Bogotá

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Libro: La Saga de los Confines

 

El invierno es un chico loco que no conoce la primavera -ni por el nombre siquiera- y que antes de morir, en sus desvaríos, descubre el amor.  

 

Aunque no son lo mismo, el frío y el miedo se parecen mucho. El miedo es el mismo frío solo que  por dentro: donde ninguna cobija puede llegar y ningún café calentar. Ahora mismo los siento al tiempo. El frío y el miedo me forman y delimitan. Tengo miedo y tengo frío, siento miedo y siento frío. Creo que en este momento soy más frío y miedo que cualquier otra cosa. Ayer fui un hombre, mañana estaré muerto.

De unas horas para acá, una idea nueva y distinta juega en mi mente. Entra por mis ojos y sale con cada respiro -dicen espiración los médicos- me susurra secretos al oído y me explica el porqué de las cosas. Es una única idea, una idea solita que no me canso de mirar. Es bonita, tiene el pelo largo y los ojos azules. Se llama Teresa y me advierte de que nunca antes ha tenido un nombre igual.

Es joven, dice que tiene catorce. Pero no le creo: tiene diecinueve, como yo. Solo que quiere vivir más despacio. Aunque no se lo digo, lo que más quiero es con ella hacer el amor. Ahora me doy cuenta y sufro ¿cómo puede terminar bien lo que empieza con el engaño? Sería muy feliz si al menos me dejara peinarla y se sentara en mis piernas. Pero cada vez que se lo propongo me mira seria, se levanta rápido y amenaza con irse.

 Dice: “Entonces, ¿me quieres o no?”.

El tiempo no tiene caso. Veo las horas en el reloj de Teresa. En algún camino perdí el mío: creo que al mismo tiempo que a la razón. Tarde me di cuenta y volver atrás no puedo. ¿Para qué preguntar fechas y horas si Teresa siempre me las da?

El otro día  coloqué una de mis manos sobre uno de sus muslos, me dijo que algún día crecería y entonces me dejaría ver lo que trae debajo del vestido. Que nos casaríamos y me cocinaría todos los días. Que saldríamos de este cuarto. Que compraríamos un pedacito de mundo verde donde poder hacer nuestra casa. Que tendríamos dos niños.

Quiero tanto a Teresa que no me importaría esperarla. Le digo: “Sí niña, sí. Serán niño y  niña, nuestros dos hijitos”.

Él se llamará Roberto, como el loro de un vecino que por más que intentó imitar a los hombres, por suerte suya, del loro y del vecino, y tuya, mi bella Teresa, y mía, tu pobre Esteban, y también de Roberto, nuestro hijo: nunca pudo lograrlo ni podrá. Y ella, la niña, nuestra hija, se llamará Teresa, como tú, y será difícil saber entre las dos cuál es la más bonita.

Teresa, te quiero tanto, nunca me dejes Teresa.

Muchos dicen que soy un tipo malo y por eso mismo tengo que morir muy pronto.

Los médicos dicen que es solo una idea, pero al parecer: en la universidad no les enseñan que a las ideas bonitas, como Teresa, se les debe querer, porque también tienen sentimientos. O tal vez es que el peso de lo que llaman cordura les impide soñar sin ataduras y por un momento, sentirse plenamente felices y gozosos.

Teresa y yo somos tan ciertos, como cierto es Dios. Dios el misericordioso y compasivo. Dios el amigo de los enamorados.

Antes de Teresa también hubo otras ideas. Una por ejemplo, era una bibliotecaria amargada, creo que novia de un policía. Se negaba a prestarme libros para colorear, y nunca, nunca jamás los de Joseph Rudyard Kipling. Decía que esos ya no eran para mí. Que era un viejo y que me fuera a casa.

Por esa época todas las noches hacía la oración: Señor Dios, dueño de la vida y de la muerte, señor misericordioso y justo, señor creador del todo y la nada, escucha a tu hijo que te suplica, regálame un - uno, un - solo, un único, un infalible caritativo y bondadoso: balazo en la cabeza.

Hubo ideas efímeras, ideas que traían promesas y sandalias para mis fríos pies. Ideas que me hablaban de un árbol de Durazno y un arbusto de Feijoa que sembré en mi niñez, allá en el Himalaya. Ideas que me bañaban con esponja cuando me sentía muy triste y no podía hacerlo por mí propia cuenta.

Extraño a mis papás, allá en el Polo norte, dicen que nunca vienen porque se sienten muy tristes. Que mamá llora de pesar, los médicos me dicen que le mande siempre recuerdos alegres porque en caso contrario se puede deshidratar, y dice que me quiere mucho. Papá, en el único estilo posible de papá, me manda decir que mejore pronto porque en la escuela, estoy seguro de que quiere decir que en la casa y sobre todo él,  me extrañan.

Que la cuenta del hospital está saliendo muy cara y que si me porto juicioso me regala un carro a control remoto o un balón de futbol para la Navidad. Si consigo novia me compra lo que quiera, y estoy pensando pedirle el libro Robinson Crusoe

Todo es distinto desde que Teresa está conmigo, nadie más ha vuelto, solo la tengo a ella. Teresa me dice otras cosas: que la muerte no es castigo, que la espera a cualquier cosa siempre es más grata cuando se ama. Que me ama.

Me dice que algunas mujeres dicen, en otras partes del mundo, que un segundo más de vida también es vida. Me dice que me quiere: y yo le creo.

A veces pienso que Teresa fue el balazo que el señor, finalmente, me envío.

El hospital no sería tan malo si no aplicaran ese líquido para limpiar y desinfectar los pisos. Su olor de veras me fastidia. Un cura me explicó una vez que servía también para limpiar pecados. Quizá luego intente conmigo.

He engañado a Teresa: le he hecho creer que un mundo verde afuera existe. Aunque no sé, ella siempre ha sido la más inteligente de los dos y últimamente me lo explica todo. Quizá sabe algo que yo no.

Le he dicho que muy pronto saldré de aquí y seremos felices.

Se fue esta mañana a jugar en la casa de sus primas y por la tarde ayudará a su mamá con los deberes del hogar. Ojalá Teresa visite de vez en cuando a mis papás, cuando ellos se sientan tristes.

Aunque no son lo mismo, el frío y el miedo se parecen mucho. El miedo es el mismo frío solo que por dentro: donde ninguna cobija puede llegar y ningún café calentar. Ahora mismo solo siento frío. Aunque en un rato, creo, ya  nada más. Ayer fui un hombre y en un rato estaré muerto. Y mañana: mañana seguiré muerto. No quiero que después de esta noche alguien me encuentre. Me llamaban invierno y no quiero volver. 

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Re: Gana ejemplares de lanzamientos de la 24 Feria del Libro de Bogotá

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Libro: C.M. No récord

 

La Portada

 

La conocí un viernes por la noche. Nosotros, en esa ciudad de vientos fríos y tardes solitarias, donde la esperanza  y los sueños se conservan cautivos como alimento sin fecha de vencimiento dentro de una nevera pesimista y egoísta, programada siempre en el siempre de los demás, en nuestro papel de comensales hambrientos buscábamos refugio de la noche, de la tristeza y del día siguiente. Buscábamos refugio en un bar: El que fuera.

En Colombia se pide para todo. Como si conocer al ladrón nos salvara del robo. La cédula puede decir de su dueño lo mismo que el popó puede decir del perr*.

Oí de un nuevo proyecto de ley: todo hombre o mujer mayor de 18 años deberá presentar su cédula al momento de sacar fotocopias y comprar empanadas. Es la respuesta eficaz a la creciente ola delictiva de la ciudad y el país, promovida en base a un serio estudio criminalístico con fines de captura. Lo certifica el bando real: sólo los gamines, clasemediosos y comunistas comen empanadas y sólo los desocupados sacan fotocopias –hojas de vida cuando no son aun o todavía estudiantes de universidades públicas-. El ponente dijo algo así: se deben atacar los focos delincuenciales

La cédula es como la juventud. Quien la tiene se ufana de algo que no le represento ningún esfuerzo y que en todo caso le durara muy poco. Al final todo el mundo termina avergonzado de sí mismo y de su cédula. De si mismo porque envejece y de esta porque lo certifica. O porque salió feo o fea en la foto, o porque se llama Marcela Quinchanegua y nació en Choachí.

Era viernes por la noche y hacia frio. Nada nuevo. Teníamos 17 años y no nos dejaron entrar a La gran fiesta. Nada nuevo. Fuimos entonces a El que fuera, y Sidney Toni, administrador de esa carrocería de camión mochilero a la que pretenciosamente llamaba bar, nos abrió las puertas de par en par con su acostumbrada tarifa preferencial: Como no tienen cédula la cerveza les cuesta mil pesos más que a los demás. Nada nuevo.

Esa noche cantamos y sentí nos hacíamos inseparables. La quería.

Vivía enamorada de Axl Rose y a mí me gusta Nirvana. Supe entonces que sería mi charolastra: amiga elevada a la máxima potencia de parce, multiplicada por comadre cien veces. Se fue convirtiendo sin que nos diéramos cuenta en la John Lennon del grupo. Ella y nosotros buscábamos lo mismo: alguien que nos adoptara.

¿Qué puede decir de nosotros un documento como ese? Lo más relevante es un número que no escoges. Y de principio a fin eres reducido a un montón de cifras y datos: cuanto mides, en que numero naciste, dónde naciste y que sexo tienes. ¡Ah! y claro, no te preguntan por qué a tu mamá en el séptimo mes de embarazo le dio por llamarte Esteban.

Importante es entonces, incluir también el tipo de música que prefieres, tus gustos en  cine, el nombre del escritor a quien no soportas, la edad en la que diste tu primer beso, el número de veces que te has enamorado y la forma en la que te gusta hacer el amor. Nos ahorraríamos así tanto lío y tantos muertos. (¿En quién crees y qué sueñas cuando estas despierto?).

El día en que súper-Kate abortó, cumplía 18 años. Cuando Germán-Boy me contó lo que de verdad hacían en la clínica femmedica, lloré como chiflado. Lloré por el niño muerto. Lennon y Chapman eran amantes, efímeramente padres, cómplices, y yo: la Yoko Ono, loca y cornuda que acababa con los Beatles.

Me entristece pensar que finalmente la cedula de súper-Kate, dice más cosas que la de los demás.

 

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Re: Gana ejemplares de lanzamientos de la 24 Feria del Libro de Bogotá

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Libro: La sirena de diamantes

 

Miserable


El día que Juancho Jiménez se mató, yo había salido a tomarme unos tragos. La noticia me sorprendió borracho. Perdido en la embriaguez como me hallaba, no le di importancia alguna al terrible suceso. Cuando horas más tarde me despertó el llanto desdichado de las mujeres en la casa, sentí de repente como un ladrillazo en la cabeza. De prisa me puse los pantalones, descalzo y sin camisa, corrí al tanque de lavar la ropa. Metí la cabeza entera dentro del agua y grité. Grité como más no pude. Quería ahogar las ideas o al menos refrescar la mente, evitar el hematoma, sufrir como se debía el momento y después no tener marcas que me acordaran cualquier cosa. Había muerto un amigo. Por causa mía.

Cuando Laura quedó en embarazo, pudimos ver como se abría el mundo bajo sus pies. La frescura por la vida, que felizmente proclamaba, no sería ya más que un recuerdo. Juancho tenía miedo y estaba triste. Todos lo estábamos. Tenía razones para quererlo, me enseño a bailar.

¿No quieres tener problemas? No tengas relaciones, de ningún tipo: un día le escuché decir.  

Acudió a mí solicitando consejo. Estaba desesperado. ¿Un hijo? ¿Un hijo? Monumento viviente ¿A qué victoria? ¿A qué liberación? Quería que lo convenciera de alguna cosa. Me dijo: háblame de Sófocles. Le dije: Es decisión tuya. Y callé.

Pero los gritos de ese día en el agua, como los de hace un instante en mi despertar, no producen amnesia. Es difícil olvidar todas las noches en que Laura y yo hicimos el amor, una y otra y otra y otra vez.

 

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Re: Gana ejemplares de lanzamientos de la 24 Feria del Libro de Bogotá

Libro: Francisco de Miranda, ¿Soñador de absolutos?

 

Declinaciones


No quiero que se haga de noche pues cuando el sol se esconde tras las montañas, con los obreros de jornal, de las parcelas, de la casa de los Sánchez y de los Gonzales, es decir, de por allá bien abajo, de la Casa Grande, viene también la perdición en su caballo: la oscuridad trae a Don Pedro Jiménez que es como otra tiniebla, peor, con bichos, con fuetazos, como acostarse con hambre. Viejo canalla, asesino, pérfido y condenado. Allá en el infierno el diablo le está calentando la paila. Y ni todos los amigos curas suyos ni el partido, ni el presidente le van a salvar de esta.

Bastardo es lo que es y que Dios me perdone. Pero según me contaron de su madrecita no hablaban, en vida de ella, muy bien. Hijo de una piltrafa por padre debe ser. Sino de dónde tanta maldad, tantos deseos de hacer sufrir a los demás.

Antes me acostaba a dormir más temprano, antes de que llegara, le tenía miedo.  Me decía de bien pequeñito quiere un trago de aguardiente y luego echaba a carcajearse. Y su grito al final: ¡Viva el partido Conservador! ¡Carajo! Los insultos, los amagos a golpear.

Pero ha de ver ese y su plaga. Algún día, algún día lo he de ver llorando, moqueando a mis pies. Así madre reniegue y me diga: gran pendejo, calle esa jeta, nosotros no necesitamos que nos defienda. Además, debería dar gracias a Don Pedro que le da trabajo a su mamá en la casa de él y así tiene usted cómo llenar la panza.  

El viejo me dice so paparote, qué me ves… y ahorita que estoy de más grandecito,  si no fuera por el pistolón que carga al cinto, bien le escupiría el hocico. Pero ya verá después.

Ya se está haciendo tarde, y los muchachos pasan por el frente de la casa. Si estuviera acá el abuelo, madre me hubiese mandado a salir a encontrarlo por el camino. Acomídase a algo mijo, ayúdele a traer alguna cosa, dice. Qué más iba a ser sino el azadón. Porque comida solo le dan para San Pedro y la Navidad. Ay, mi abuelo, menos mal no está por estos lados sino por la capital, ahorrando unos pesos para pagar el burro que Don Pedro le ordenó llevara a su casa y se murió por el camino. De viejo, todos los vecinos saben. Pero el señor ese no entiende y a mi abuelo trató de ladrón, entre otras cosas. Y él con lo noble que es, se fue para donde unos hermanos en Bogotá, que trabajan en un taller que dizque en el barrio Ricaurte para ver si reunía pronto la plata. 

Ya se siente en el aire, todo está más pesado, casi ni respirar se puede. Mijo, que le pasa, me dice madre. El abusivo ese y sus chandosos no demoran en pasar por acá, ya lo veo pidiendo los huevos que en la semana puso ramona, la gallina que mamá Teresa le regalo a madre. Ya la veo a ella insultada por ese señor, que le habla de política, le pregunta con desprecio que si sabe del negro, que cuide bien de sus nietos porque si alguno resulta ser liberal, el mismo viene y mata.

Pero ha de ver ese canalla. Que gaitanes ni que Gaitán. Que presidentes ni qué partidos. Una noche, si de otra no queda, me colaré por su ventana y con una ruana, lo mandaré a arreglar cuentas con mi padre, que dicen los vecinos era un liberal.

 

 

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mcantero
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Re: Gana ejemplares de lanzamientos de la 24 Feria del Libro de Bogotá

El libro que quiero es La saga de los confines.

 

No soy muy bueno con los cuentos, pero hay vamos.

 

 

En los confines de la comarca, una gran nube oscura acompaña el avance de igualmente un oscuro ejercito que va devastando todo bajo sus pies, ni el bosque, los animales y mucho menos los habitantes son presa suficiente para detener su avance. Pero en el horizonte siempre hay una luz y es la luz de la esperanza que se sierne sobre el corazon de todos aquellos que tiene en su corazon, la valentia y el amor por sus familia.

 

Pero la esperanza no es suficiente, sin un lider que encause este poderoso torrente.  Pero un momento, el hijo de un guerrero aparece en el horizonte y tiene todo el potencial para ser quien lleve a buen terminal esta inicio de batalla.

Lott Mauricio Cantero
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sthefy23
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Re: Gana ejemplares de lanzamientos de la 24 Feria del Libro de Bogotá

Libro: Todas Brujas. Ana Von Rebeur

 

Ser bruja es mucho mejor que ser una dulce princesita.

 

La princesa es dulce, tierna, sumisa y abnegada, siempre pensara que lo que quieran los demás esta primero y luego van sus propios deseos, es de las que toman cerveza de un vaso porque es terrible tomársela de una botella. Eso no lo hace una princesa, eso no lo hace una mujer femenina.

 

Y por otro lado que tal una bruja sexy, sensual, seductora, hace lo que quiere, sabe lo que quiere y lucha por ello, una bruja que no espera conquistar a un príncipe azul, que no teme decir lo que piensa, que sabe que todo es válido  a la hora de llegar a donde se quiere.  En resumen exitosa.

 

A todo esto sumémosle que una bruja deja su huella personal por donde pasa, a diferencia de la princesa que pasa desapercibida  

 

 

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jomis5
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Re: Gana ejemplares de lanzamientos de la 24 Feria del Libro de Bogotá

LIBRO: LA OTRA MUJER

 

DESPUES DE 4 AÑOS JUNTOS, AL SENTARSE UN DIA EN SU COMPUTADOR, ENCONTRO EVIDENCIAS CLARAS, DURANTE TODO ESTE TIEMPO SU NOVIO HABIA ESTADO EN CONTACTO  CON OTRA MUJER, ESTA MUJER ERA MAYOR, CON ATRIBUTOS GRANDES, POCO AGRADABLE A LA VISTA, CON UNA GRAN ESPALDA, Y MAS ALTA QUE SU PROPIO NOVIO, EN EL CORREO SE EVIDENCIABA QUE LA MUJER VIVIA LEJOS, PERO QUE MANTENIAN CONTACTO, SE ESCRIBIAN POESIAS EROTICAS, HABLABAN Y MENCIONABAN RECUERDOS DEL PASADO, ESCUCHABAN CANCIONES DEDICADAS Y EN CONCLUSION SE DECIAN LLAMAR AMOR ETERNO, AL OBSERVAR DESPUES E CUATRO AÑOS ESTA SITUACION TAN INCOMODA Y TRISTE, AL DESTRUIR TODOS LOS RECUERDOS DE LARGO TIEMPO, SE DESTROZARON LAS ILUSIONES Y LOS SUEÑOS, FUE UN DIA TAN OSCURO PARA ELLA, QUE NADA ASEMEJABA Y ARGUMENTABA LO QUE HABIA VISTO, FUE TAN TRISTE QUE EMPEZO A ODIAR Y A DESCONFIAR, TAN TRISTE QUE LA IMAGEN DE SU GRAN NOVIO SE CONVIRTIO EN UNA PESADILLA CONSTANTE DE CELOS Y MOLESTIAS, FUE UNA PESADILLA QUE NUNCA TERMINO PARA ELLA, QUE NO ASIMILO LA TRICION Y QUEDO MARCADA ETERNAMENTE ADESCONFIAR DE LOS HOMBRES A SOÑAR Y PENSAR SIEMPRE EN OTRA MUJER.

 

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juanmanuelitodnb
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Re: Gana ejemplares de lanzamientos de la 24 Feria del Libro de Bogotá

Sin límites

 

Desperté, abrí  la puerta lentamente, corrí  hasta la puerta del bus y estaba sentado allí en el mismo sitio que había sentado desde hace 3 años. Hasta el día, ese día, ese bendito día que di de nuevo gracias por poderme despertar de nuevo, otra vez salí, corrí, volví, salí de nuevo, y como raro corriendo a la puerta del bus, pero esta vez no estaba allí, yo ya, estaba perdido, tome un leve impulso, un respiro, y de nuevo sentí como mi vida paso en un abrir y cerrar de ojos,  lo que creía que eran tres años ya eran casi 3 siglos y era demasiado tarde, era demasiado viejo, el haberme dado cuenta que mi vida siempre fue la misma, la misma rutina, la misma vida, entonces fue cuando me pregunte ¿Donde he estado todos años?,  perdiéndome entre la muchedumbre, como perdido en el medio del bosque sintiendo como la brisa del humo me rodea, como el cantar de los taxis entonan una hermosa melodía, dejando a mi familia cada mañana para conseguir el alimento en medio de esta selva de cemento. Ahhhhh¡¡ grito con un tono de voz que me despabilo, sintiendo envidia por ser de verdad un viejo, no, ya no mas maldita sea, ya no pierdas mas tu tiempo – grito mi abuelo – hablas como si tuvieras mi edad, dedícate a vivir sin perder el tiempo y aprovecha cada segundo que te da la vida, aprende a vivir sin límites.